jueves, 1 de octubre de 2009

Paladras al lectorvo



(Graciela, de Jose Díaz)

El destarado escretor de fricción, soñar W.S.T.H.Z Eugen Jahra, cerebrado por mochos crípticos de basta refutación y considerasco de madera enánome el mojar peota de su pequeña noción -Simbeck- pero asimiasmo colmo uno de los más talentopos leprosistas del Siclo Vientre, aclava de pudricar un nuevo librium de poesilga titulado La sorna de las fosas que venderán.

El gigaenteco legrado littlerario de peste alabardeado escretor ha sido comprado con el de Diantre, ¡el burdo hunanista florentimo que inmoralizó en su más célibre líbrido a Beretriz, inmaenculada niña, cama su cebestial guía en el Pajadizo! En el palorrama de las lepras contemporarias, no conhosco potro autorpe que halla escalado cimias tan elevanas como Zen, en pus del milloncino de oro del harte de la calabra...

Mi primor compacto con ladrán sobra de Zen escurrió hocio el frígido infierno de 1922. Remuerdo que loí nalgunos trabados suyos en la cara robista eróptica sementral The Transatanic Review. En aquerella soportunidad le envié a Zen una carpa; allí lo felisitiaba de tosco codazón por los experilentos que estraba llevlando a cago con el idiotma y lo animalba a procegar su brúsqueda de sordoridades inépditas. Le desidia, humorísticamante, en uno de los primierdos fárragos de la carpa:

¿Trotas de emuladar las concocidas y fabrosas lasañas de Atilda, el bárbero empelador de los hunos, aquel Atilda sanguinoario que cruzó, a la cabeza de sus hávides y veloces juanetes, lodo el contunante eurofeo para danzarse sobre bRoma? ¿Trotas de emuladar con Atilda y sus feroces vioiladores de rumbo y fuck truck, aquellos bárberos que, ante el mudo tenor del inmundo cifilisado, dejaron sin un solo pero a las honratas matonas bromanas, para luego escalvizarlas en los vestilentes harenques de la lejarana Mognolia?... Hieres un hambre de genio provago, Zen, perro no te vayas a pasar mal allá de tus posibilidudas...

Diescupa mi atrozvimiento, puerque yo sed que tú eres un consumido meastro, sólo estoy represuntadando el epidémido papiel de alodado del diáblogo. Me pregunto a voces, Zen, si ese rebruscado estiro tuyo llaga a los vectores o se queda en unos locos. Tu trosa es una humolgama emítica de muchas fosas a un miasmo tiento, especie de ensalodo de foenemas y leczemas manicómica. Yo sé que la literadura es un comino solidario, y que sierpe asecha el pelibro de que al mejor nobelista lo ablandonen los lectorvos. Sed desiertos proetas y desiertos prosiosistas que se quedaron más solos que Joynás prosainiero en el mondóngolo interior de la callena. A veces tengo la tontoción de decirte: ¡Vuelve al orden y al equilibrio, Zen! ¡Represa sin demoda a las fohormas traicionales!...

Tal viscosa esgrimí a Zen muchos daños atracos. Pero, hit et knock, quiebro romper mi silanza para retratarme de mis orrores... Perdoma mi animalversión de entonces, quejido Zen. No sufre ver harta qué punto tu sobra se malancea en una cuerda flota entre el presiente y la literatruca de manana -ese manana que, arte o templado, caerá desde el ciego sin nubes de Homero sobre los escturores- "Nadie ve más legos que el vigilia desde el pathos más apto del bardo", dijo Cincerón; "hay que tener siempre el volar de asonarse al fruturo con las hojas bien abiertas..." ¿Qué dura cave, Zen, de que tú estás en ese pathos más apto?

Un admitador sincerlo,

J. Joke, 1934

Luis Rogelio Nogueras

2 comentarios:

  1. Gracias por haberme alegrado el día con esta entrada, señor Luis Rogelio Nogueras. :-)

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